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An Impulse in Colombia | Un impulso en Colombia

A special experience from Bishop Stegmann:

As our weekend with our ministers from Venezuela and Colombia came to an end, we experienced a very moving, emotional, and powerful moment together. District Apostle Kolb chose Cucuta for this weekend to make it more accessible for the ministers from Venezuela to attend, since he cannot get a visa to travel to Venezuela. These ministers come from a country where those whom they serve, including their own families, are going through tremendous hardship. There is a lack of food, medicine, and all basic necessities. Members are moving to other countries to escape this situation. As a result, those who stay behind see their congregations getting smaller. Every day, the ministers deal with this, all while strengthening, loving, and bringing joy to those they serve with such dedication.

So for these few days in Cucuta, Colombia, they were removed, at least physically, from these struggles. It was almost like the feeling of soldiers on leave coming home from the front lines to rest, eat, and be strengthened and renewed. But now our days together with the ministers were coming to an end. It was then that this precious moment occurred.

We had all experienced such a wonderful weekend together. With meetings, seminars, the divine service, and many moments of fellowship and joyful conversations. And now here we were. It was after the service and we had shared lunch together. Now it was time to leave. Again, I pictured the soldiers now going back to the front lines. They knew it, the District Apostle knew it, we all knew it. It was then when that District Apostle Kolb, quite impulsively, stood up and asked for everyone's attention. After a few words, he said, "I am moved to express something special to all of you before you leave us.” With that, he raised his hands over all, and with deep expression and emotion, he proclaimed the well-known words from Numbers 6:24-26:

“The Lord bless you and keep you;
The Lord make His face shine upon you,
And be gracious to you;
The Lord lift up His countenance upon you,
And give you peace.”

As I looked around the room, I saw the effect those words were having on the ministers. There were tears of joy, determination, and quiet weeping from the power of that moment. I will never forget that special feeling and bond that came over us all. Thereafter, the District Apostle ended in prayer. Afterwards, we embraced each other in sublime joy, not wanting to let go. We then had to take leave of each other, but we felt the strength and presence of Jesus with all of us.

 


 

Una experiencia especial del Obispo Stegmann:

A medida que nuestro fin de semana con nuestros ministros de Venezuela y Colombia llegaba a su fin, experimentamos un momento muy emotivo, conmovedor y poderoso. El Apóstol de Distrito Kolb eligió Cúcuta para este fin de semana para que les fuera más accesible a los ministros de Venezuela asistir, ya que no puede obtener una visa para viajar a Venezuela. Estos ministros provienen de un país donde aquellos a quienes sirven, incluidas sus propias familias, están atravesando enormes dificultades. Hay escasez de alimentos, medicinas y todas las necesidades básicas. Los miembros se están mudando a otros países para escapar de esta situación. Como resultado, aquellos que se quedan atrás ven que sus congregaciones se hacen cada vez más pequeñas. Cada día, los ministros se enfrentan a esto, todo mientras fortalecen, aman y brindan alegría a quienes sirven con tanta dedicación.

Por lo tanto, durante estos pocos días en Cúcuta, Colombia, fueron removidos, al menos físicamente, de estas dificultades. Fue casi como la sensación de soldados de permiso que regresan a casa del frente de batalla para descansar, comer, y fortalecerse y renovarse. Pero ahora nuestros días juntos con los ministros estaban llegando a su fin. Fue entonces cuando este precioso momento ocurrió.

Todos habíamos vivido un maravilloso fin de semana juntos. Con reuniones, seminarios, el Servicio Divino, y muchos momentos de confraternidad y conversaciones alegres. Y ahora, aquí estábamos. Fue después del Servicio y habíamos compartido el almuerzo juntos. Ahora era el momento de partir. Una vez más, me imaginé a los soldados regresando al frente. Ellos lo sabían, el Apóstol de Distrito lo sabía, todos lo sabíamos. Fue entonces cuando el Apóstol de Distrito Kolb, impulsivamente, se puso de pie, y pidió la atención de todos. Después de unas cuantas palabras, dijo: «me siento impulsado a expresar algo especial a todos ustedes antes de que partan». Con esto, él alzó sus manos sobre todos, y con una profunda expresión y emoción, proclamó las conocidas palabras de Números 6:24-26:

Jehová te bendiga, y te guarde;
Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti,
y tenga de ti misericordia;
Jehová alce sobre ti su rostro,
y ponga en ti paz.

Al mirar alrededor de la habitación, vi el efecto que esas palabras estaban teniendo en los ministros. Hubo lágrimas de alegría, determinación y llanto silencioso por el poder de ese momento. Nunca olvidaré ese sentimiento y el vínculo especial que nos invadió a todos. Después, el Apóstol de Distrito finalizó en oración. Luego, nos abrazamos con una alegría sublima, sin querer dejarnos ir. Después tuvimos que despedirnos, pero sentimos la fuerza y la presencia de Jesús con todos nosotros.

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